Reynaldo Arenas (Cuba, 1943-1990)

The Parade Ends

" Paseos por las calles que revientan,
pues las cañerías ya no dan más
por entre edificios que hay que esquivar,
pues se nos vienen encima,
por entre hoscos rostros que nos escrutan y sentencian,
por entre establecimientos cerrados,
mercados cerrados,
cines cerrados,
parques cerrados,
cafeterías cerradas.
Exhibiendo a veces carteles (justificaciones) ya polvorientos,
CERRADO POR REFORMAS,
CERRADO POR REPARACIÓN.
¿Qué tipo de reparación?
¿Cuándo termina dicha reparación, dicha reforma?
¿Cuándo, por lo menos,
empezará?
Cerrado...cerrado...cerrado...
todo cerrado...
Llego, abro los innumerables candados, subo corriendo la improvisada escalera.
Ahí está, ella, aguardándome.
La descubro, retiro la lona y contemplo sus polvorientas y frías dimensiones.
Le quito el polvo y vuelvo a pasarle la mano.
Con pequeñas palmadas limpio su lomo, su base, sus costados.
Me siento, desesperado, feliz, a su lado, frente a ella,
paso las manos por su teclado, y, rápidamente, todo se pone en marcha.
El ta ta, el tintineo, la música comienza, poco a poco, ya más rápido
ahora, a toda velocidad.
Paredes, árboles, calles,
catedrales, rostros y playas,
celdas, mini celdas,
grandes celdas,
noche estrellada, pies
desnudos, pinares, nubes,
centenares, miles,
un millón de cotorras
taburetes y una enredadera.
Todo acude, todo llega, todos vienen.
Los muros se ensanchan, el techo desaparece y, naturalmente, flotas,
flotas, flotas arrancado, arrastrado,
elevado,
llevado, transportado, eternizado,
salvado, en aras, y,
por esa minúscula y constante cadencia,
por esa música,
por ese ta ta incesante. "

Oración

¿Qué nuevo ritmo descubriré hoy?
¿Qué palabra que ya creía irrecuperable me devolverá la infancia?
¿Qué colores sorprenderán mis ojos?
Entre los pinos ¿qué trino escucharé que a toda costa querré imitar?
Junto a un madero podrido, ¿qué flor, hongo o caracol será el colmo de mi alegría?
¿Con qué estruendo me saludarán las olas?
Al sumergirme ¿qué nuevos paisajes submarinos descubriré?
¿Con qué olores me perfumará el mar?
¿Qué hoja sin igual encontraré entre la yerba?
¿Qué espléndido adolescente me dejará petrificado al doblar el callejón?
¿qué tesitura, qué brisa, qué suave aire me ofrecerá la tarde?
¿Qué canción remota escucharé y me hará recordar otra canción remota y me conminará a cantar otra canción remota?
¿Qué pequeña piedra reclamará mi atención y me guardaré en el bolsillo?
¿Qué voz alegre retumbará a mis espaldas y me devolverá la alegría?
¿Qué grupo de nubes nunca antes contemplado contemplaré hoy?
¿Qué puesta de sol me envolverá hasta difuminarse?
¿Qué pedazo de rama me llevaré a la nariz y su perfume será una aventura única?
¿Qué negro gigantesco me hará una señal que no podré ni querré eludir?
¿Qué vidrio destellará en mi honor un brillo súbito?
¿Qué repentina calma caerá sobre el mar y me hará conocer la plenitud?
¿Qué batir de árbol me desconsolará?
¿Qué libro abierto al azar me restituirá la fe en las palabras?
¿Qué mosca vestida de fiesta pasará zumbando sobre mi cabeza?
¿Qué recogimiento exhalará el oscurecer y su complicidad me abarcará?
¿Qué inenarrable esplendor ostentará el cielo?
¿Qué íntimos cuchicheos poblarán la noche?
¿Con qué bella imagen en la memoria me quedaré dormido?
¿Qué silbido lejano me hará soñar que aún soy aquél y que estoy vivo?
...Oh, Dios, de todos esos milagros, concédeme aunque sea el más insignificante.

Sugerencias: mreyesdeza@hotmail.com

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